lunes, 18 de diciembre de 2017

Piedras

Roger Caillois. Piedras.

Mitología

Piedras de China

En el fondo del valle del río I Ngan se alzan algunas piedras que recuerdan por su forma a las piedras que sobrevuelan las montañas. La gente del lugar las reacomoda ligeramente y las coloca en la entrada de los templos. Son naturalmente notables, extraordinarias.

La piedra yng che se yergue elegante y bella en los escarpes de la montaña Ling-nan, a pesar de no haber sufrido la acción del cincel o del dolobre. Tiene un sonido metálico. Se emplea como ornamento. Esta piedra es una maravilla. Grande. es rara. 

Al oeste de la prefectura de K'i, a setenta li del distrito de Long, existe una gruta llamada la caverna de los dragones o de los peces. Allí se encuentra una piedra que a veces es grande, otras veces pequeña. Si alguien la rompe y examina su interior, percibe las figuras de dragones y de peces.
Quienes pasan ante la caverna evitan hablar de ella. Escuchan ruidos lejanos de truenos y de huracanes. Se detienen, presas del terror. No todo el mundo escucha estos ruidos.

En la Isla del Medio existe una piedra que tiene hijos. En pleno ciclo Wen lou, un hombre recogió la piedra, que por aquel entonces era pequeña. La dejó en una esquina. Al cabo de ochenta años había crecido mucho y había dado a luz a un millar de piedras pequeñas: su descendencia.

Traducción de Daniel Gutiérrez Martínez

Piedras (1966)
Roger Caillois

domingo, 17 de diciembre de 2017

El arte de tirar

Antonio Capel. El desván.

Las cosas que debéis tirar en primer lugar –por lo general, las más fáciles– son las que no usáis. Seleccionadlas, elegid de entre ellas las que sois claramente capaces de tirar y hacedlo sin vacilar.
Se sigue conservando una cosa, aunque de hecho no se use, porque se cree que un día u otro se presentará la ocasión de utilizarla, ¿no es cierto? Lógicamente, entre diez o veinte objetos, es posible que tarde o temprano os entren ganas de usar uno de ellos. Tenéis dos opciones: seguir conservando los veinte, en nombre de ese único objeto que tal vez decidáis usar una única vez en el transcurso de varios años; o tirarlos todos y cuando se presente esa única vez en que os haga falta el objeto en cuestión, volver a comprarlo o pedirlo prestado. ¿Cuál de esas dos opciones os parece una aptitud más racional?
Empeñarse en conservar las cosas solo porque «algún día pueden resultar útiles», aumenta el ruido de fondo de la mente y no os aporta más que desorden e inquietud. No vale la pena correr el riesgo de apegarse a un objeto durante diez años por la posibilidad remota de poder usarlo otros diez años después.
Tiradlo. Y si diez años más tarde lo necesitáis de verdad, volver a comprarlo será mucho menos dañino para vuestra salud mental.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari (2009)
Ryunosuke Koike

sábado, 16 de diciembre de 2017

Testamento literario

Johannes Rosierse. Muchacha.

La vocación

La poesía es una hermosa que sólo se entrega a los discretos. Aquello que se escribe para sí mismo suele ser lo mejor. Un joven poeta francés del siglo pasado, llamado Mauricio Guerin, nacido y criado en una aldea, corrió a París con ansias de gloria, escribió poemas, contrajo amistades famosas, frecuentó los círculos literarios. Su hermana Eugenia permaneció en su rincón campestre y sin pretensión alguna apuntó con lápiz en un cuaderno los menudos acontecimientos del día, un paseo por el campo, la visita del párroco, la merienda de unos niños, la muerte de un pájaro; vertió en aquellas hojas secretas las emociones de su alma inocente. Los versos del poeta hace ya largo tiempo que yacen enterrados, si es que alguna vez han vivido. El diario de la humilde lugareña, reimpreso muchas veces, traducido a todos los idiomas, corre todavía por el mundo leído y admirado.

Testamento literario (1929)
Armando Palacio Valdés

viernes, 15 de diciembre de 2017

Estar al loro

José Luis García Remiro. Estar al loro.

El chocolate del loro

«Eso es suprimir el chocolate del loro», decimos para referirnos a cosas de poco valor o importancia, cuyo ahorro apenas influye en la marcha de una economía, cuando, para solucionar una situación ruinosa, se decide ahorrar una partida cuyo gasto es mínimo. Se cuenta, como origen de esta expresión, de un matrimonio de burgueses en decadencia, cuyos ingresos ya no alcanzaban a cubrir los lujos que se habían impuesto en ese «quiero y no puedo» para mantener su estatus, que después de largas deliberaciones sobre qué gastos deberían suprimir para no terminar arruinándose, decidieron suprimir... el chocolate del loro.

Tirar de la manta

Con esta frase se amenaza con descubrir cosas que pueden perjudicar a más de uno. Para rastrear su origen, no hace falta recurrir a personajes ilustres que la hayan utilizado. Se trata simplemente de una elemental metáfora formada sobre el hecho de que, entre gente pobre que tiene cosas que ocultar, si uno tira de la manta hacia un lado de la cama, el otro queda al descubierto con todas sus miserias.

Estar al loro (2005)
José Luis García Remiro

jueves, 7 de diciembre de 2017

Felicidad natural

Thomas Benton. Trigal.

Es bueno para el cuerpo contemplar los trigales
verdes esta mañana de principio de mayo.
Es bueno para el cuerpo imaginar
que esta alta pradera, tan sometida al viento
que parece estar hecha sólo del mismo viento,
no terminara nunca en una suma
de áridas aristas.
Es bueno para el cuerpo que el único sonido
sea
el rumor de la lluvia sobre el techo del coche.
Es bueno para el cuerpo detenerse.
Y salir.
En un punto indeterminado de esta península, la más occidental de Europa,
recuerdo la liturgia de la Iglesia de Oriente,
que en el momento de la comunión
se limita a decir:
lo bueno,
para los buenos.

Eros es más (2007)
Juan Antonio González-Iglesias

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Te tuve

Ángel González. Áspero mundo.

Te tuve
cuando eras
dulce,
acariciado mundo.
Realidad casi nube,
¡cómo te me volaste de los brazos!
Ahora te siento nuevamente.
No por tu luz, sino por tu corteza,
percibo tu inequívoca
presencia,
... agrios perfiles, duros meridianos,
¡áspero mundo para mis dos manos!

Áspero mundo (1956)
Ángel González

martes, 5 de diciembre de 2017

Fahrenheit 451

Ray Bradbury. Fahrenheit 451.

3. Fuego brillante
—¿Cuántos son ustedes? 
—Miles en los caminos, las vías de ferrocarril abandonadas. Vagabundos por fuera, bibliotecas por dentro. No lo planeamos en un principio. Siempre había alguien que quería recordar un libro, y así lo hacía. Luego, después de veinte años, nos encontramos, fuimos de un lado a otro, unimos los hilos sueltos, e ideamos un plan. No debíamos olvidar lo más importante: no éramos importantes. Debíamos evitar toda pedantería. No debíamos sentirnos superiores a nadie en el mundo. No éramos más que cubiertas protectoras de libros; ése era nuestro único significado. Algunos de nosotros viven en pueblos. El capítulo primero de Walden de Thoreau en Green River; el capítulo segundo en Willow Farm, Maine. Hasta hay una aldea en Maryland, de veintisiete habitantes, que es los ensayos completos de un hombre llamado Bertrand Russell. Ninguna bomba tocará esa aldea. Uno puede, casi, tomarla en la mano, y pasar las páginas, tantas páginas por persona. Y cuando la guerra termine, algún día, algún año, podrán escribirse los libros otra vez; se llamará a la gente, una a una para que recite lo que sabe, y los guardaremos impresos hasta que llegue otra Edad de las Tinieblas, y tengamos que rehacer enteramente nuestra obra. Pero eso es lo maravilloso en el hombre; nunca se descorazona o disgusta tanto como para no empezar de nuevo. Sabe muy bien que su obra es importante y valiosa.

Traducción de Francisco Abelenda

Fahrenheit 451 (1953)
Ray Bradbury

lunes, 4 de diciembre de 2017

Aforismos

Georg Christoph Lichtenberg. Aforismos.

K
(1793-1796)

Me he creado una pequeña Siberia para mis súbditos rebeldes.

Las prerrogativas de la belleza son de naturaleza totalmente distinta de las de la felicidad. Para gozar de las ventajas de la belleza en el mundo es preciso que otras personas lo crean a uno bello; en el caso de la felicidad, esto  no es en absoluto necesario, basta simplemente con que uno mismo lo crea.

El hombre ama la compañía, aunque sólo sea de una velita encendida.

La gente que nunca tiene tiempo es la que menos cosas hace.

Traducción de Juan del Solar

Aforismos
Georg Christoph Lichtenberg

jueves, 30 de noviembre de 2017

La mujer desnuda

Ilustración de Vladimir Laphsin.

18. La espalda

Si dar la espalda es grosero porque se ignora deliberadamente a un acompañante, tensarla es amenazador, porque sugiere una preparación corporal para la acción violenta. Por esta razón, a los militares se los entrena especialmente para tensar la espalda, de modo que, incluso estando relajados y cómodos, parezcan un poco más agresivos que el ciudadano medio. Tensar la espalda tiene también el efecto de incrementar ligeramente la altura global del cuerpo, un cambio que contribuye a una exhibición de dominio. El hundimiento de la espalda, lo que sucede con la depresión, transmite señales de pérdida de dominio, agachando el cuerpo ligeramente; es casi como si uno estuviera inclinando la cabeza en señal de sumisión.
Los gestos en los que se lleva a cabo una toma de contacto con la propia espalda son diversos. El más simple es el que consiste en permanecer de pie o caminar con «los brazos detrás de la espalda». Esto suele hacerse con los nudillos de una mano agarrados por la palma de la otra y es una postura adoptada en general por los individuos de alto estatus, especialmente la realeza y los líderes políticos en ocasiones oficiales, por ejemplo cuando están visitando exposiciones especialmente preparadas para ellos. La postura es de extremo dominio y es la contraria a la del «cruce de brazos» nervioso en el que los brazos se mantienen cruzados por delante del cuerpo como una especie de barrera de seguridad. La postura de manos detrás de la espalda dice que la persona está tan segura de su dominio que no tiene necesidad ni siquiera de la mínima protección frontal. Los profesores adoptan también esta postura cuando caminan por su escuela, demostrando así su dominio de ese territorio en particular.
Otras ocasiones en las que se toma contacto con la espalda son aquellas en la que ésta se utiliza para ocultar ademanes, como cuando una niña se lleva la mano a la espalda para cruzar los dedos cuando dice una mentira.

Traducción de Miguel Hernández Sola y Virginia Villalón

La mujer desnuda (2004)
Desmond Morris

miércoles, 29 de noviembre de 2017

El acto de leer

Ludwig Gloss. El sabio en su despacho.

Es, pues, la lectura —al menos cuando logra su pleno acabamiento— un silencioso coloquio del lector con el autor de lo leído. Éste da figura a una parte de lo que su espíritu contiene, idea, sentimiento, recuerdo o invención; y el lector llega a serlo plenamente cuando, puesto en contacto sensorial con lo escrito, descubre y entiende lo que con ello quiso el autor expresar. Nadie lo ha dicho más sucinta y vigorosamente que Galeno. En el primer libro de su tratado de usu partium elogia la excelencia de la mano, órgano con que el hombre "escribe sus leyes, erige a los dioses altares y estatuas, construye naves, flautas, liras, cinceles y todos los instrumentos de las artes, deja a la posteridad sus comentarios escritos a las especulaciones de los antiguos; y así —añade Galeno—, gracias a las letras y a las manos es hoy posible conversar con Platón, Aristóteles, Hipócrates y otros antiguos". El médico por antonomasia vio claramente que leer no es sino conversar, sostener un mudo coloquio con el autor de lo leído. 

La aventura de leer (1956)
Pedro Laín Entralgo

lunes, 27 de noviembre de 2017

Más Platón y menos Prozac

Lou Marinoff. Más Platón y menos Prozac.

9
La crítica más vehemente que se hace a quienes han ascendido hasta los cargos más elevados es que suelen olvidar de dónde vienen. El olvido constituye el mayor error: no sólo podría emplear su conocimiento para hacer mejor su actual trabajo, sino que también podría ganarse el auténtico respeto de quienes trabajan bajo sus órdenes. Y lo que es más importante, ese conocimiento nunca le permitirá olvidar que todos somos seres humanos, al margen del cargo que aparezca en su tarjeta de visita.
La mayoría hemos perdido el contacto con cualquier otro trabajo que no sea nuestra pequeña parcela laboral. No tenemos conocimiento sobre los trabajos de otras personas ni sobre los esfuerzos de otras personas. Sin embargo, dependemos del trabajo de los demás para todas nuestras necesidades. ¿Se ha parado a pensar de dónde salen esos tomates que hay en el supermercado en febrero? Esta desconexión es previsible en una sociedad globalizada altamente tecnológica, empezando por el punto más básico de que lo que consumimos cada vez tiene menos que ver con lo que producimos. 
El budismo Zen ofrece otra perspectiva sobre hacer el trabajo básico. El Zen enseña que el trabajo rutinario es un valor en y por sí mismo. Humillarse a sí mismo es una vía hacia la mejora personal en la tradición budista. Cualquier tarea que haga con sumo cuidado puede ser una poderosa forma de meditación. Por este motivo los retiros Zen incluyen el trabajo y la meditación. Ningún trabajo es servil. Lo que hacemos no es lo que somos.

Traducción de Borja Folch

Más Platón y menos Prozac (1999)
Lou Marinoff

domingo, 26 de noviembre de 2017

Ejércitos de la oscuridad

Silvina Ocampo. Ejércitos de la oscuridad.

No elegiría otra época para vivir que la actual; tampoco elegiría otro país para hacerlo mío. Siempre fui muy obediente a mi destino.

Aprendí a mentir para ser más buena.

Hay sueños que quedaron grabados en mi memoria. Éste es uno de ellos: en el jardín de mi infancia estoy sentada en la barranca. Nunca termina el día: un día perfecto, divino. Y lloro porque no terminará jamás. No hay nadie. Es la eternidad.

Recuerdo lugares donde nunca estuve.

Ejércitos de la oscuridad
Silvina Ocampo

sábado, 25 de noviembre de 2017

Diarios

Franz Kafka. Diarios.

1910
Los espectadores se pasman, cuando pasa el tren.

1911
8 de noviembre.
La muchacha que, sólo por andar del brazo de su amado, miraba tranquila a su alrededor

1913
Anoche, en el Belvedere, bajo las estrellas.

Sesión de debate en el Círculo de Funcionarios. He sido yo quien lo ha presidido. Las curiosas fuentes del sentimiento de la propia dignidad. Mi frase introductoria: «Debo iniciar el debate de hoy lamentando el hecho de que se celebre» La verdad es que no me habían avisado con tiempo y por ello no estaba preparado.

Traducción de Feliu Formosa

Diarios (1910-1913)
Franz Kafka

lunes, 20 de noviembre de 2017

En la Patagonia

Guillermo Muñoz Vera. La Ciudad de los Césares.

42
Aproximadamente en el año 1650, dos marineros españoles, ambos desertores y asesinos, salieron trastabillando de los bosques situados frente a la isla de Chiloé, después de haber trepado por la vertiente oriental de los Andes desde el estrecho de Magallanes. Quizá para distraer la atención del gobernador y apartarla de los crímenes que habían perpetrado, anunciaron que habían descubierto una ciudad cuyos palacios tenían tejados de plata, y cuyos habitantes, de tez blanca, hablaban castellano y descendían de los sobrevivientes de la colonia que Pedro de Sarmiento había fundado en el Estrecho.
La narración de estos hombres reavivó el interés por Trapalanda, la Ciudad Encantada de los Césares, otro El Dorado oculto en los Andes meridionales y bautizado en homenaje a Francisco César, piloto de Sebastián Caboto. En 1528 aquél se internó tierra adentro desde el Río de la Plata, atravesó los Andes y descubrió una civilización donde el oro era de uso corriente. En torno de este relato se desarrolló una leyenda que inflamó las expectativas y la codicia humana hasta el siglo XIX.
Varias expediciones partieron en busca de la ciudad. Muchos exploradores solitarios desaparecieron en el curso de esta misma empresa. Una descripción del siglo XVIII la situaba al sur de la latitud 45 (Paso Roballos se encuentra en la latitud 47) y la presentaba como una fortaleza enclavada en las montañas, al pie de un volcán y a orillas de un hermoso lago. Había un río, el Diamante, donde abundaban el oro y las piedras preciosas. La ciudad tenía una única entrada, defendida por un puente levadizo, y se necesitaban dos días para atravesarla de un extremo al otro. Los edificios eran de piedra labrada y sus puertas estaban tachonadas de joyas; los arados eran de plata y los muebles de las casas más modestas eran de plata y oro. No se conocían las enfermedades: los ancianos morían como si les sorprendiera el sueño. Los hombre usaban tricornios, chaquetas azules y capas amarillas (en la mitología indígena estos eran los colores del Ser Supremo). Cultivaban la pimienta, y las hojas de su rábanos eran tan grandes que se podía amarrar un caballo a ellas.
Pocos viajeros han visto alguna vez esta ciudad. Tampoco existe una opinión unánime acerca de su verdadero emplazamiento: la isla de Patmos, los bosques de Guyana, el desierto de Gobi o la ladera septentrional del monte Meru son algunos de los puntos sugeridos. Todos éstos son lugares desolados. Los nombres de la ciudad también son muy variados: Uttarakuru, Avalón, la Nueva Jerusalén, las Islas de los Bienaventurados. Quienes la vieron llegaron a destino después de sufrir tremendas penurias. En el siglo XVII, dos asesinos españoles demostraron que no hay que ser Ezequiel para confundir una fachada de roca con el Edén

Traducción de Eduardo Goligorsky

En la Patagonia (1977)
Bruce Chatwin

sábado, 18 de noviembre de 2017

Cuentos breves y extraordinarios

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Cuentos breves y extraordinarios.

La estatua

La estatua de la diosa, en Saís, tenía esta inscripción enigmática: "Soy todo lo que ha sido, todo lo que es, todo lo que será, y ningún mortal (hasta ahora) ha alzado mi velo.
Plutarco, tratado de Isis y Osiris, noveno párrafo.

Final para un cuento fantástico

—¡Qué extraño! —dijo la muchacha, avanzando cautelosamente—. ¡Qué puerta más pesada!
La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.
—¡Dios mío! —dijo el hombre—. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos ha encerrado a los dos!
—A los dos, no. A uno solo —dijo la muchacha. Pasó a través de la puerta y desapareció.
I. A. Ireland, Visitations (1919)

Aurea mediocritas

Malherbe no estaba muy seguro de que hubiera otra vida, y decía cuando le hablaban del infierno o del paraíso: "He vivido como todos, quiero morir como todos, quiero ir donde van todos".
Tallemant des Réaux, Les Historiettes (xxix)

Cuentos breves y extraordinarios (1957)
Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares

viernes, 17 de noviembre de 2017

Tallar el aire

Jesús Ferrero. Negro sol.

La figura más precisa
debe ser al mismo tiempo
la que más niebla cobija
en sus pulidos miembros.

Por eso tallar el aire
es un arte tan difícil
(los poetas ya lo saben).

Yo me dedico a tallarlo.
El delito no es grave
(decían los viejos bardos)
si al hacerlo se consiguen
aves vivas y capaces
de vuelo sereno y alto.

Los versos no tienen ley
por más que ajusten su ritmo
a los rigores del tiempo.
Los versos no tienen amo.

Pájaros bien limitados
pero de vuelo agilísimo,
poemas como milanos.

Por eso no ha de olvidarse
lo que ya dije al principio,
que la imagen más precisa
es la que más aire alberga

en sus alas extendidas.

Negro sol (1987)
Jesús Ferrero

martes, 14 de noviembre de 2017

Acerca de la escritura poética

Ada Salas. Ilustración de la Universidad de Almería.

La escritura es un estado permanente de carencia. Su lugar es el hueco. El poeta no enuncia: llama, convoca. Desanda el camino de la elipsis diaria. Busca, en la palabra, la faz de lo real que lo real elude. No huye de la realidad, intenta completarla, acrecentarla. No transmuta, desvela. Su mirada no es parcial, sino totalizadora. Son fragmentos los poemas, sí: esas piezas que faltan en el puzzle ilusorio de nuestra existencia.
El tiempo del poema no es nunca el presente. Ni, en realidad, el pasado o el futuro. El tiempo del poema es el no-tiempo, porque es el de la memoria inmemorial del hombre, el tiempo esencial, común, universal. Por eso es, a la vez, el tiempo del recuerdo y el de la profecía, en el que todo lector, de cualquier época, puede situarse. Se equivoca el poeta que cree, al escribir, estar dando cuenta de su presente. Necesita, quizá, creerse ese espejismo para que su labor adquiera ante sus ojos cierta consistencia. Pero, en realidad, la labor poética es mucho más vertiginosa: se escribe en el vacío, en el caos. La fuente de la escritura es anterior -y exterior- a todo y a todos. Su materia sería 'el agua' de Tales o el 'aire' de Anaxímenes. Más que palabra en el tiempo, el poema es palabra fuera del tiempo, al margen. Desde su orilla, la poesía ve pasar el río de los hombres y, reflejándose en cada uno de ellos, su esencia es, a la vez, cambiante e inmutable.

Acerca de la escritura poética
Ada Salas

sábado, 11 de noviembre de 2017

El peón de ajedrez

Tony Luciani. Ajedrez.

Me gusta mirar a la gente cuando juega al ajedrez.
Mis ojos siguen esos peones
que poco a poco encuentran su camino
hasta alcanzar la última línea.
Ese peón avanza con tal soltura
que te hace pensar que llegando a esa línea
en ella comenzarán sus alegrías y su recompensa.
Encuentra muchos obstáculos en su camino.
Los poderosos lanzan sus armas contra él.
Los castillos le acometen con sus
altas almenas; dentro de sus campos
veloces jinetes pretenden con astucia
impedir su avance,
y por todos lados, desde el campo enemigo
la amenaza avanza contra él.

Mas sale indemne de todos los peligros
y alcanza triunfante la última línea.

Con qué aires de victoria la alcanza
en el momento exacto:
qué alegremente avanza hacia su propia muerte.

Porque al llegar a esa línea, el peón morirá,
todos sus afanes eran para esto.
Cae en el Hades del ajedrez,
y de su tumba resucita
la reina que nos salvará.
(Julio de 1894)
Traducción de José María Álvarez

Poesías completas
Konstantino Kavafis

Las ruinas

Caspar David Friedrich, Templo de Juno en Agrigento.

Lo arruinado lo está por el "transcurrir del tiempo". Pero ¿qué es ese algo arruinado? algo, ¿el qué? Algo que nunca fue enteramente visible; la ruina guarda la huella de algo que aun cuando el edificio estaba intacto no aparecía en su entera plenitud. Entre todas las ruinas la que más conmueve es la de un templo. Y es que el templo es, entre todo lo que el hombre ha edificado, aquello que más rebasa de su forma, por perfecta, por adecuada que sea. Todo templo, por grande que sea su belleza, tiene algo de intento frustrado, y cuando está en ruinas parece ser más perfecta, auténticamente un templo; parece responder entonces adecuadamente a su función. Un templo en ruinas es el templo perfecto y al par la ruina perfecta. Y aún más: toda ruina tiene algo de templo; es por lo pronto un lugar sagrado. Lugar sagrado porque encarna la ligazón inexorable de la vida con la muerte; el abatimiento de lo que el hombre orgullosamente ha edificado, vencido ya, y la supervivencia de aquello que no pudo alcanzar en la edificación: la realidad perenne de lo frustrado; la victoria del fracaso.
De toda ruina emana algo divino, algo divino que brota de la misma entraña de la vida humana; algo que nace del propio vivir humano cuando se despliega en toda su plenitud sin que haya venido a posarse como regalo concedido de lo alto; algo ganado por haber apurado la esperanza en su extremo límite y soportado su fracaso y aun su muerte: el algo que queda del todo que pasa.

El hombre y lo divino (1955)
María Zambrano

Escribir y callar

Nuria Amat. Escribir y callar.

La lengua es el aliento de la escritura. La cuna donde se mecen las palabras del mundo. El aire de la vida. Escribir es vestir con palabras el silencio del lenguaje. Abrigar los múltiples vacíos del pensamiento hueco. Y la lengua es la ropa del vestido. Sin lengua el lenguaje anda desnudo y entonces la escritura no existe. La lengua es la vida del estilo literario. Sin lengua no hay estilo. La lengua invita al nacimiento de la voz literaria. La resurrección del tono. Idioma es otra cosa. El idioma tiene que ver con el habla popular. La lengua, sin embargo, es rumor interno, ecos ocultos y necesarios que invocan la aparición de la escritura.

Escribir y callar (2010)
Nuria Amat 

jueves, 9 de noviembre de 2017

Las Gracias

Jean-Étienne Liotard. La Tres Gracias (1737).

Compañeras y amigas de Venus, la diosa de la hermosura le debían el encanto y el atractivo que aseguraba su triunfo. Los antiguos esperaban los más preciosos bienes de estas divinidades bienhechoras. Su poder se extendía a todas las delicias de la vida. Ellas dispensaban a los hombres no sólo la buena gracia, la igualdad de humor, la facilidad de los modales y todo cuanto derrama la felicidad en las sociedades, sino también la liberalidad, la elocuencia, la sabiduría. La más preciosa de todas sus prerrogativas era la de presidir a las buenas acciones y al reconocimiento. Crisipo nos ha transmitido la opinión de los antiguos sobre sus atributos, y nos ha revelado los misterios que ocultaban estos mismos atributos: «Se llamaron en su origen Carites, nombre derivado de una palabra griega que significa alegría, para indicarnos que, sin olvidar los placeres, debemos hacer beneficios y reconocer a los que nos los hacen. Eran jóvenes, para enseñarnos que la memoria de un beneficio no debe envejecer jamás: vivas y ligeras, para hacer conocer que es menester obligar con prontitud, y que un beneficio no debe hacerse esperar. Así los griegos acostumbraban decir que una gracia que viene lentamente, deja de serlo; lo que explicaban con un juego de palabras, frivolidad que no disgustaba a los griegos. Eran vírgenes, para dar a entender 1) que, al hacer el bien se deben tener intenciones puras, sin lo cual se corrompe el beneficio; 2) la inclinación al bien debe ir acompañada de prudencia y retención. Por esta segunda razón, viendo Sócrates un hombre que prodigaba los beneficios sin distinción a todos los que venían: ¡Los dioses te confundan! exclamó. Las gracias son vírgenes y tú las conviertes en cortesanas. Se tienen de las manos para indicar que por medio de los beneficios mutuos debemos estrechar los vínculos de nuestra unión recíproca. En fin, danzan en círculo para enseñarnos que debe haber una circulación de beneficios entre los hombres: y además, por medio del reconocimiento, el beneficio debe volver naturalmente al lugar de donde ha salido».

Traducción de Edicomunicación, S. A.

Diccionario de Mitología Universal
J. F. M. Noël

martes, 7 de noviembre de 2017

La Montaña Análoga

Dean Fidelman. Piedras desnudas.

Nota del encargado de la edición

Definiciones. —El alpinismo es el arte de recorrer las montañas enfrentándose a los mayores peligros con la mayor prudencia.
Aquí llamamos arte a poner en práctica un conocimiento mediante una acción.
No podemos permanecer siempre en las cumbres. Hay que descender... Entonces, ¿qué sentido tiene? Este: lo alto conoce a lo bajo; lo bajo no conoce a lo alto. Al subir retén todas las dificultades del camino; mientras estés subiendo puedes percibirlas. En la bajada ya no las notarás, pero sabrás que están allí si las has observado atentamente.
Hay un arte en la forma de dirigirse hacia las regiones bajas, a través del recuerdo de lo que se ha visto cuando se estaba más arriba. Cuando ya no podemos ver, por lo menos todavía podemos saber.
Mantén la mirada fija en el camino hacia la cima, pero no olvides mirar a tus pies. El último paso depende del primero. No creas haber llegado porque ves la cima. Vigila tus pies, asegura el paso siguiente, pero que eso no te distraiga del objetivo más elevado. El primer paso depende del último.

Traducción de Carmen Santos

La Montaña Análoga
René Daumal

lunes, 6 de noviembre de 2017

Las ensoñaciones del paseante solitario

Jean-Jacques Rousseau. Las ensoñaciones del paseante solitario.

Séptimo paseo

Estaba solo y me interné en las anfractuosidades de la montaña, y de bosque en bosque, de peñasco en peñasco, llegué a un reducto tan oculto que en mi vida había visto algo más salvaje. Negros abetos entremezclados a hayas prodigiosas, muchas de ellas caídas de vejez y entrelazadas unas a otras, cerraban aquel reducto con barreras impenetrables; algunos intervalos que dejaban aquel sombrío cerco sólo ofrecían más allá rocas cortadas a pico y horribles precipicios que sólo me atrevía a mirar acostado sobre el vientre. El búho, la lechuza y el quebrantahuesos hacían oír sus gritos en las hendiduras de la montaña, algunos pajarillos raros pero familiares templaban sin embargo el horror de aquella soledad. Allí encontré la dentaria hetaphyllos, el ciclamen, el nidus avis, el gran lacerpitium y algunas otras plantas que me encantaron y distrajeron largo tiempo. Pero dominado insensiblemente por la fuerte impresión de los objetos, olvidé la botánica y las plantas, me senté sobre almohadas de lycopodium y de musgos, y me puse a soñar a mis anchas pensando que allí estaba en un refugio ignorado por todo el universo, donde los perseguidores no ne descubrirían. Un movimiento de orgullo se mezcló enseguida a esta ensoñación. Me comparaba a esos grandes viajeros que descubren una isla desierta, y me decía con complacencia: soy sin duda el primer mortal que ha penetrado hasta aquí; me miraba casi como a otro Colón.

Traducción de Mauro Armiño

Las ensoñaciones del paseante solitario
Jean Jacques Rousseau

viernes, 3 de noviembre de 2017

Arabesco

Huang Zong Jiang. La Gran Muralla.

Allí, en medio de la niebla, enorme, mayestática, silenciosa y terrible, se alzaba la Gran Muralla. En aquella soledad, con la indiferencia de la misma naturaleza, escalaba la ladera de la montaña y descendía después hasta la profundidad del valle. Amenazadora, las sombrías torres rígidas y cuadradas se erguían a intervalos en sus puestos de guerra. Despiadada —porque fue construida a costa de un millón de vidas humanas y cada una de aquellas grandes piedras grises quedó manchada con las lágrimas y la sangre de los cautivos y de los parias— extendíase a través de un mar de escabrosas montañas. Sin miedo hacia su viaje interminables de kilómetros tras kilómetros hasta las más recónditas regiones de Asia, en completa soledad y misteriosa como el gran imperio que guardaba. Allí, en medio de la niebla, mayestática, silenciosa y terrible, se alzaba la Gran Muralla.

Traducción de José Romero de Tejada

En un biombo chino (1922)
William Somerset Maugham

martes, 31 de octubre de 2017

El Mono Gramático

Octavio Paz. El mono gramático.

1
Lo mejor será escoger el camino de Galta, recorrerlo de nuevo (inventarlo a medida que lo recorro) y sin darme cuenta, casi insensiblemente, ir hasta el fin — sin preocuparme por saber qué quiere decir « ir hasta el fin» ni qué es lo que yo he querido decir al escribir esa frase. Cuando caminaba por el sendero de Galta, ya lejos de la carretera, una vez pasado el paraje de los banianos y los charcos de agua podrida, traspuesto el Portal en ruinas, al penetrar en la plazuela rodeada de casas desmoronadas, precisamente al comenzar la caminata, tampoco sabía adónde iba ni me preocupaba saberlo. No me hacía preguntas: caminaba, nada más caminaba, sin rumbo fijo. Iba al encuentro... ¿de qué iba al encuentro? Entonces no lo sabía y no lo sé ahora. Tal vez por eso escribí «ir hasta el fin» : para saberlo, para saber qué hay detrás del fin. Una trampa verbal; después del fin no hay nada pues si algo hubiese el fin no sería fin. Y, no obstante, siempre caminamos al encuentro de..., aunque sepamos que nada ni nadie nos aguarda. Andamos sin dirección fija pero con un fin (¿cuál?) y para llegar al fin. Búsqueda del fin, terror ante el fin: el haz y el envés del mismo acto. Sin ese fin que nos elude constantemente ni caminaríamos ni habría caminos. Pero el fin es la refutación y la condenación del camino: al fin el camino se disuelve, el encuentro se disipa. Y el fin — también se disipa.
Volver a caminar, ir de nuevo al encuentro: el camino estrecho que sube y baja serpeando entre rocas renegridas y colinas adustas color camello; colgadas de las peñas, como si estuviesen a punto de desprenderse y caer sobre la cabeza del caminante, las casas blancas; el olor a pelambre trasudada y a excremento de vaca; el zumbar de la tarde; los gritos de los monos saltando entre las ramas de los árboles o corriendo por las azoteas o balanceándose en los barrotes de un balcón; en las alturas, los círculos de los pájaros y el humo azulenco de las cocinas; la luz casi rosada sobre las piedras; el sabor de sal en los labios resecos; el rumor de la tierra suelta al desmoronarse bajo los pies; el polvo que se pega a la piel empapada de sudor, enrojece los ojos y no deja respirar; las imágenes, los recuerdos, las figuraciones fragmentarias — todas esas sensaciones, visiones y semipensamientos que aparecen y desaparecen en el espacio de un parpadeo, mientras se camina al encuentro de... El camino también desaparece mientras lo pienso, mientras lo digo.

El Mono Gramático (1974)
Octavio Paz

viernes, 27 de octubre de 2017

El arte de tirar

Ricardo Renedo. Embalaje.

Si tiráis las cosas que son fáciles de eliminar, saborearéis la agradable sensación que se obtiene al hacerlo.

Los individuos contemporáneos solo sabemos, por lo general, qué significa aumentar la cantidad de cosas que poseemos. No solemos enfrentarnos al «reducir». De vez en cuando, limitamos un poco lo que tenemos, pero básicamente siempre poseemos algo. Para nosotros, esa es una condición que damos por sentada: por mucho que sea también la causa de nuestra confusión y por mucho que nos suponga un peso en el corazón, en realidad no nos damos cuenta. Si, por el contrario, intentamos reducir de forma considerable la cantidad de pertenencias, percibiremos claramente que nuestro pensamiento se vuelve más lúcido. A los distintos beneficios que obtendremos, se añadirá también el hecho de que seremos capaces de desarrollar casi cualquier atribución de una forma mucho más satisfactoria. 
Por eso, es ante todo necesario que os desembaracéis de aquellas cosas que resulta relativamente fácil tirar, sea lo que sea. Vuestra mente saboreará de inmediato una sensación nueva de «ligereza». Empezad, pues, a tirar las cosas de las que os parece más fácil desprenderos; luego ya procederéis a eliminar las que pertenecen a una categoría de dificultad superior, y así sucesivamente. Si al principio pensabais que nunca seríais capaces de tirar aquellos objetos, lo conseguiréis contra todo pronóstico, porque tras haber eliminado todo lo que pertenece al nivel más simple, descubriréis un placer tal al sentir que se os ha aligerado el corazón, que vuestra mente se ocupará activamente de liberarse de todo aquello que realmente no os sirve.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari
Ryunosuke Koike 

Viaje

Ricardo Renedo. Llaves

Probablemente ya habrá cerrado los armarios de la biblioteca, las ventanas, subido a la buhardilla, acercándose al arca, la habrá abierto para hojear el álbum de fotografías, releer la carta, se habrá detenido en una línea, tengo miedo, miedo de que las mismas sábanas nos denuncien, después cerrado todo, habrá pasado por el jardín, comprobando con cierto espanto que la cara de las estatuas ha envejecido, a la entrada del patio se detendrá a mirar los abedules que ayudó a plantar, cerrará la cancela, tirando la llave en medio de las zarzas. Y habrá partido

Traducción de Ángel Crespo

Vertientes de la mirada y otros poemas en prosa
Eugénio de Andrade

jueves, 26 de octubre de 2017

Invasión de los bárbaros

Angus McBride. Guerrero vándalo.

Pasaron los reinos que fundaron
hombres que venían del mar.
Y los templos son polvo.
Reyes y sacerdotes,
vencedores y esclavos, y sus Dioses,
se confunden en el polvo.
Pasaron los grandes emperadores
que tuvieron en su mano el mundo,
pasaron sus triunfos y derrotas,
y su gloria. Como el viento sobre las aguas.
Y la ciudad olvidó.
Así pasarán éstos que ahora asolan
sus piedras, y pasarán sus hijos,
y nosotros que contra ellos
nos levantamos. Los mismos pájaros limpiarán todos los huesos.
Y la ciudad olvidará.

Museo de cera
José María Álvarez

domingo, 22 de octubre de 2017

Hacedor de estrellas

Olaf Stapledon. Hacedor de estrellas.

1
La Tierra

Me senté en las hierbas. Arriba, retrocedía la oscuridad. Y la liberada población del cielo asomaba estrella tras estrella.
Las sombrías colinas y el mar invisible se extendían alrededor hasta perderse de vista. Pero el halcón de la imaginación los seguía más allá del horizonte. Sentía que yo estaba en una mota de piedra y metal, envuelto en una delgada película de agua y aire, y que giraba a la sombra y a la luz del sol. Y en la superficie de esa mota enjambres de hombres, en generaciones sucesivas habían vivido en el trabajo y la ceguera, con intermitente alegría, e intermitente lucidez. Toda su historia, sus migraciones, sus imperios, sus filosofías, sus orgullosas ciencias, sus revoluciones sociales, su necesidad cada vez mayor de una vida en comunidad, eran sólo una chispa en un día de las estrellas.
¡Si uno pudiese saber, pensé, si en esa hueste centelleante había o no, aquí y allí, otros granos de roca y metal habitados por el espíritu, y si los titubeos del hombre en su persecución de la sabiduría y el amor eran sólo un estremecimiento insignificante o parte de un movimiento universal!

Traducción de Gregorio Lemos

Hacedor de estrellas (1937)
Olaf Stapledon

jueves, 19 de octubre de 2017

Los dos monjes

Guennadi Ulibin. Oleaje.

Viajaban dos monjes a pie hacia su aldea cuando, de repente, oyeron una voz que pedía socorro. Se dirigieron hacia el lugar de donde surgía la voz y vieron a una joven que se había caído al agua y corría el riesgo de ahogarse. Uno de los monjes, diligentemente, se echó al agua, tomó a la mujer entre sus brazos y la llevó a la arena. Se despidieron los monjes de la joven y continuaron su camino, en silencio. Pasadas unas horas, el monje que no había ayudado a la mujer, increpó a su compañero:
—Deberías ya saber que nuestra doctrina no nos permite aproximarnos a mujer alguna.
El monje que había auxiliado a la joven dijo:
—Yo cogí a esa joven en los brazos y la dejé en tierra firme. Tú, todavía, la llevas encima.

Comentario

La mente rumia, acarrea, transporta, se obsesiona, se enreda en su tela de araña, se desertiza en sus inútiles recuerdos, se consume en su desorden. Una mente así es reactiva y desagradable; le falta frescura, no se renueva, se angosta, está siempre en su ir y venir, se roba el brillo a sí misma y no deja lugar para la naturalidad, la vida sin artificios y la bendita espontaneidad. La mente se puede volver muy mezquina, dogmática, aferrada a estrechos puntos de vista, muy condicionada y torpe. Una mente así es una calamidad para uno mismo y para los demás, es una herramienta inútil o incluso peligrosa.

El arte de la armonía (2002)
Ramiro A. Calle

martes, 17 de octubre de 2017

La rosa profunda

Jorge Luis Borges. La rosa profunda.

Prólogo

La doctrina romántica de una Musa que inspira a los poetas fue la que profesaron los clásicos; la doctrina clásica del poema como una operación de la inteligencia fue enunciada por un romántico, Poe, hacia 1846. El hecho es paradójico. Fuera de unos casos aislados de inspiración onírica —el sueño del pastor que refiere Beda, el ilustre sueño de Coleridge—, es evidente que ambas doctrinas tienen su parte de verdad, salvo que corresponden a distintas etapas del proceso. (Por Musa debemos entender lo que los hebreos y Milton llamaron el Espíritu y lo que nuestra triste mitología llama lo Subconsciente). En lo que me concierne, el proceso es más o menos invariable. Empiezo por divisar una forma, una suerte de isla remota, que será después un relato o una poesía. Veo el fin y veo el principio, no lo que se halla entre los dos. Esto gradualmente me es revelado, cuando los astros o el azar me son propicios. Más de una vez tengo que desandar el camino por la zona de sombra. Trato de intervenir lo menos posible en la evolución de la obra. No quiero que la tuerzan mis opiniones, que, sin duda, son baladíes. Un escritor, admitió Kipling, puede concebir una fábula, pero no penetrar su moraleja. Debe ser leal a su imaginación, y no a la meras circunstancias efímeras de una supuesta "realidad". 
La literatura parte del verso y puede tardar siglos en discernir la posibilidad de la prosa. Al cabo de cuatrocientos años, los anglosajones dejaron una poesía no pocas veces admirable y una prosa apenas explícita. La palabra habría sido en el principio un símbolo mágico, que la usura del tiempo desgastaría. La misión del poeta sería restituir a la palabra, siquiera de un modo parcial, su primitiva y ahora oculta virtud. Dos deberes tendría todo verso: comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente, como la cercanía del mar.
Buenos Aires, junio de 1975

El suicida

No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
Del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
Los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.

Llueve

¿En qué ayer, en qué patios de Cartago,
Cae también esta lluvia?

La rosa profunda (1975)
Jorge Luis Borges

sábado, 14 de octubre de 2017

I Ching

Hermann Hesse. Mi credo.

Hay libros, libros de santidad y sabiduría, en cuya compañía y atmósfera se puede vivir durante años; libros que es imposible leer como se leen otros libros. Hay partes de la Biblia que pertenecen a esta categoría, y el Tao-te-King. Es suficiente una sola frase de estos libros para sentirse colmado, para ocuparse y reflexionar durante mucho tiempo. Estos libros se tienen al alcance de la mano o se llevan en el bolsillo cuando se va a pasear por el bosque, y nunca se leen durante media hora seguida, sino que cada vez se toma una sentencia, una línea, para meditar sobre ella, para conocer un poco más —después de las futilidades del día, incluidas las otras lecturas— la escala de valores de los grandes y los santos.
Considero una dicha haber encontrado un libro equiparable a estos dos. Evidentemente, como los otros, es un libro muy antiguo, se remonta a miles de años, pero hasta ahora no se había intentado traducirlo al alemán. Se titula I Ching, el libro de las transformaciones, y contiene la antigua sabiduría y magia de China. Se puede utilizar como libro de oráculos para hallar consejos en los momentos difíciles de la vida. Se puede utilizar y apreciarlo «sólo» a causa de su sabiduría. Hay en este libro, que nunca podré comprender más que intuitivamente y en momentos aislados, un sistema de símiles para todo el mundo, basado en ocho cualidades o imágenes; de ellas. las dos primeras son el cielo y la tierra, el padre y la madre, el fuerte y el dócil. Esas ocho cualidades son expresadas por sendos signos de gran sencillez, que se combinan entre sí y ofrecen sesenta y cuatro posibilidades, en las cuales se basa el oráculo. Se pregunta al oráculo y se obtiene más o menos esta respuesta: «Verdad interior: cerdos y peces, ¡Salvación! Es necesario cruzar el gran río. es preciso tener perseverancia». Entonces se puede meditar sobre ello; además, dispone de comentarios.
Este libro de las transformaciones está desde hace medio año en mi dormitorio, y nunca he leído más de una página seguida. Cuando miramos una de las combinaciones de signos, nos sentimos invadidos por Ch'ien, el Creador, y por Sun, el Bondadoso, por lo que no es lectura, ni tampoco meditación, sino una contemplación de agua corriente o nubes pasajeras. Todo cuanto podemos pensar o vivir está escrito ahí.
(1925)
Traducción de Pilar Giralt

Mi credo
Hermann Hesse

martes, 10 de octubre de 2017

Pida la palabra, pero tenga cuidado

Julio Cortázar. Último round.

Cuando el catedrático doctor Lastra tomó la palabra, ésta le zampó un mordisco de los que te dejan la mano hecha moco. Al igual que más de cuatro, el doctor Lastra no sabía que para tomar la palabra hay que estar bien seguro de sujetarla por la piel del pescuezo si, por ejemplo, se trata de la palabra ola, pero que a queja hay que tomarla por las patas, mientras que asa exige pasar delicadamente los dedos por debajo como cuando se blande una tostada antes de untarle la manteca con vivaz ajetreo.
¿Qué diremos de ajetreo? Que se requieren las dos manos, una por arriba y otra por abajo, como quien sostiene a un bebé de pocos días, a fin de evitar las vehementes sacudidas a que ambos son proclives. ¿Y proclive, ya que estamos? Se la agarra por arriba como a un rabanito, pero con todos los dedos porque es pesadísima. ¿Y pesadísima? De abajo, como quien empuña una matraca. ¿Y matraca? Por arriba, como una balanza de feria. Yo creo que ahora usted puede seguir adelante, doctor Lastra.

Último round (1969)
Julio Cortázar

domingo, 8 de octubre de 2017

Poesía y poema

Octavio Paz. El arco y la lira.

La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar el mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en sus seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no-dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la Idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana!

El arco y la lira (1956)
Octavio Paz

sábado, 7 de octubre de 2017

Canto nocturno de un pastor errante de Asia

Yuliya Glavnaya. Luna llena.

Luna ¿qué haces en el cielo, dime,
Silenciosa luna?
Al final de la tarde surges, pasas
Contemplando desiertos y te posas.
¿Harta no estás aún
De recorrer tus sempiternas vías?
¿No rehúyes aún, aún deseas
Divisar estos valles?
Como tu vida es, luna,
La vida del pastor.
Con la primera luz de nuevo surge,
A los campos se va con sus rebaños,
Ve más rebaños, herbazales, fuentes,
De noche a su fatiga da reposo,
Y nada más espera.
Dime, luna: ¿qué vale
Para el pastor su vida?
Y esa tu vida, luna, ¿qué te vale?
¿Adónde, dime, tienden
El breve vagar mío,
Tu carrera inmortal?

Traducción de Jorge Guillén

Canto nocturno de un pastor errante de Asia
Giacomo Leopardi

viernes, 6 de octubre de 2017

Elogio de los aeropuertos

Siluetas de la gente en el aeropuerto. Ilustración de Freepik.

Hay veces que se cansa uno de ser y le gustaría solamente estar. Nada de complicaciones existenciales. Estar, sencillamente. La existencia, que es algo definitivo, es actividad -aunque esto pudiera parecer contradictorio- y toda actividad cansa a los mortales. Genes activos, células activas, átomos activos. Pensar, sufrir, reír, tal vez amar. El estar, en cambio, es algo transitorio y calmo, aunque sin llegar a la pasividad absoluta. Al menos lo percibimos como tal; es como si la vida siguiese su curso olvidándose un poco de nosotros. Decimos «estamos descansando», lo que lleva implícito un «por ahora». Sólo es descanso, esencialmente, el descanso eterno.
En los aeropuertos no se es; se está. Porque estar, por su provisionalidad, es una pausa en la existencia, un calderón, una suspensión en su movimiento más o menos acompasado. Nada es definitivo en los aeropuertos. Son puntos de llegada o puntos de partida. También puntos de referencia. El tránsito, como todo lo relativo, necesita un punto de referencia y ese punto lo son igualmente los aeropuertos. Son la perpetuación del tránsito. Son como la vida, que es una muerte transitoria; que es el espacio que media entre una y otra muerte. Por los aeropuertos pasa la vida y, a veces, se cansa uno de tanto pasar y pasar.
Algo de esto es también aplicable a los puertos y a los andenes de las estaciones de ferrocarril. Y digo algo y no todo, porque las diferencias son notables. En los puertos, que también son puntos de llegada o puntos de partida, no hay tránsito. No se va de un barco a otro. No hay tiempo para estar. La llegada o la partida de un barco es una actividad más y tiene un componente definitivo derivado de la duración de la travesía en relación con nuestras horas de vida y de la conciencia histórica de que en esa vida caben muy pocos viajes transoceánicos en barco. Por otra parte, sólo se puede hablar ya de viaje en los cargueros, en los barcos de guerra, en los de pesca de altura y en alguna aventura excepcional. Los de pasajeros son hoy barcos de cercanía. Además, quienes van a los puertos a recibir o a despedir a alguien también ejercen una actividad, como el que llega o el que parte. En los puertos se es; no se está.
Lo mismo ocurre en los andenes de las estaciones de ferrocarril. Hoy día se puede llegar a la hora justa. Han desaparecido los tránsitos -antiguos transbordos- que justificaban las estancias. A diferencia de los puertos, en los que es lento el amarre y lenta la ceremonia de zarpar, en los andenes todo es urgencia y silbidos y rápidos adioses. -¡Oh, aquellas despedidas con lágrimas y aquellos pañuelos agitándose por las ventanillas mientras se perdía el tren en la lejanía entre nubes de vapor!-. Pero, como en los puertos, también es todo existencia. También en los andenes se es.
En los aeropuertos, no. Cuando uno se cansa de ser, donde se está bien es en los aeropuertos, viendo aterrizar y despegar los aviones que llevan otras vidas, otras existencias; viendo ser a los demás y allá ellos, mientras uno se acomoda confortablemente en la oquedad de los momentos vacíos. Al menos hasta que la voz inmisericorde de los altavoces nos reanima y nos regresa a la realidad anunciando la próxima salida del vuelo SQ 333 con destino a Singapur. Es el nuestro.

(Inédito, 1998) De Por el ancho y pequeño mundo

Estado de palabra. Antología poética (1956-2002)
Rafael Guillén

jueves, 5 de octubre de 2017

Biografía del silencio

Fabiana Kofman. Simetría.

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El apego es completamente independiente de aquello a lo que se está apegado. Podemos sentir apego hacia nuestra madre, pero también hacia un simple cuaderno (¡y este segundo apego puede ser incluso más visceral que el primero!). El apego tiene que ver con el aparato ideológico que rodea a lo que tenemos y, sobre todo, a nuestra manera de tener o no tener. La meditación es una manera para purgar el apego; de ahí que no sea agradable en primera instancia. Solo atravesada esa vía purgativa es también la meditación una vía iluminativa; pero el camino merece la pena recorrerlo aun cuando no se llegue a una gran iluminación. La simple purgación -y no es simple- compensa.
En el fondo da igual si se avanza mucho o poco, lo importante es avanzar siempre, perseverar, dar un paso cada día. La satisfacción no se obtiene en la meta, sino en el camino mismo. El hombre es un peregrino, un homo viator
En la meditación he aprendido -estoy aprendiendo- que nada es más fuerte que yo sino me apego a ello. Por supuesto que las cosas me tocan, los virus me infectan, las corrientes me arrastran o las tentaciones me tientan; por supuesto que tengo hambre si no como, sed si no bebo, sueño si no duermo; por supuesto que soy sensible a la caricia de una mujer, a la mano extendida de un mendigo, al lamento de un enfermo o al grito de un bebé. Pero una vez tocado o infectado, tentado o arrastrado, una vez enamorado o afligido soy yo quien decide -como señor- cómo vivir esa caricia o esa bofetada, ese grito o ese gemido, cómo reaccionar a esa corriente o responder a ese reclamo. Mientras pueda decir «yo», soy el señor; soy también criatura, desde luego, pero tengo una conciencia que, sin dejar mi condición de criatura, me eleva a un rango superior.

Biografía del silencio (2012)
Pablo dÒrs

miércoles, 4 de octubre de 2017

Tao Te King

Lao Tse. Tao Te King.

XI

Treinta radios convergen en el centro
de una rueda,
pero es su vacío
lo que hace útil al carro.

Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
pero de su vacío
depende el uso de la vasija.

Se abren puertas y ventanas
en los muros de una casa,
y es el vacío
lo que permite habitarla.

En el ser centramos nuestro interés,
pero del no-ser depende la utilidad.

Traducción: Editorial Ricardo Aguilera

Tao Te King
Lao Tse