jueves, 19 de octubre de 2017

Los dos monjes

Guennadi Ulibin. Oleaje.

Viajaban dos monjes a pie hacia su aldea cuando, de repente, oyeron una voz que pedía socorro. Se dirigieron hacia el lugar de donde surgía la voz y vieron a una joven que se había caído al agua y corría el riesgo de ahogarse. Uno de los monjes, diligentemente, se echó al agua, tomó a la mujer entre sus brazos y la llevó a la arena. Se despidieron los monjes de la joven y continuaron su camino, en silencio. Pasadas unas horas, el monje que no había ayudado a la mujer, increpó a su compañero:
—Deberías ya saber que nuestra doctrina no nos permite aproximarnos a mujer alguna.
El monje que había auxiliado a la joven dijo:
—Yo cogí a esa joven en los brazos y la dejé en tierra firme. Tú, todavía, la llevas encima.

Comentario

La mente rumia, acarrea, transporta, se obsesiona, se enreda en su tela de araña, se desertiza en sus inútiles recuerdos, se consume en su desorden. Una mente así es reactiva y desagradable; le falta frescura, no se renueva, se angosta, está siempre en su ir y venir, se roba el brillo a sí misma y no deja lugar para la naturalidad, la vida sin artificios y la bendita espontaneidad. La mente se puede volver muy mezquina, dogmática, aferrada a estrechos puntos de vista, muy condicionada y torpe. Una mente así es una calamidad para uno mismo y para los demás, es una herramienta inútil o incluso peligrosa.

El arte de la armonía (2002)
Ramiro A. Calle

martes, 17 de octubre de 2017

La rosa profunda

Jorge Luis Borges. La rosa profunda.

Prólogo

La doctrina romántica de una Musa que inspira a los poetas fue la que profesaron los clásicos; la doctrina clásica del poema como una operación de la inteligencia fue enunciada por un romántico, Poe, hacia 1846. El hecho es paradójico. Fuera de unos casos aislados de inspiración onírica —el sueño del pastor que refiere Beda, el ilustre sueño de Coleridge—, es evidente que ambas doctrinas tienen su parte de verdad, salvo que corresponden a distintas etapas del proceso. (Por Musa debemos entender lo que los hebreos y Milton llamaron el Espíritu y lo que nuestra triste mitología llama lo Subconsciente). En lo que me concierne, el proceso es más o menos invariable. Empiezo por divisar una forma, una suerte de isla remota, que será después un relato o una poesía. Veo el fin y veo el principio, no lo que se halla entre los dos. Esto gradualmente me es revelado, cuando los astros o el azar me son propicios. Más de una vez tengo que desandar el camino por la zona de sombra. Trato de intervenir lo menos posible en la evolución de la obra. No quiero que la tuerzan mis opiniones, que, sin duda, son baladíes. Un escritor, admitió Kipling, puede concebir una fábula, pero no penetrar su moraleja. Debe ser leal a su imaginación, y no a la meras circunstancias efímeras de una supuesta "realidad". 
La literatura parte del verso y puede tardar siglos en discernir la posibilidad de la prosa. Al cabo de cuatrocientos años, los anglosajones dejaron una poesía no pocas veces admirable y una prosa apenas explícita. La palabra habría sido en el principio un símbolo mágico, que la usura del tiempo desgastaría. La misión del poeta sería restituir a la palabra, siquiera de un modo parcial, su primitiva y ahora oculta virtud. Dos deberes tendría todo verso: comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente, como la cercanía del mar.
Buenos Aires, junio de 1975

El suicida

No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
Del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
Los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.

Llueve

¿En qué ayer, en qué patios de Cartago,
Cae también esta lluvia?

La rosa profunda (1975)
Jorge Luis Borges

sábado, 14 de octubre de 2017

I Ching

Hermann Hesse. Mi credo.

Hay libros, libros de santidad y sabiduría, en cuya compañía y atmósfera se puede vivir durante años; libros que es imposible leer como se leen otros libros. Hay partes de la Biblia que pertenecen a esta categoría, y el Tao-te-King. Es suficiente una sola frase de estos libros para sentirse colmado, para ocuparse y reflexionar durante mucho tiempo. Estos libros se tienen al alcance de la mano o se llevan en el bolsillo cuando se va a pasear por el bosque, y nunca se leen durante media hora seguida, sino que cada vez se toma una sentencia, una línea, para meditar sobre ella, para conocer un poco más —después de las futilidades del día, incluidas las otras lecturas— la escala de valores de los grandes y los santos.
Considero una dicha haber encontrado un libro equiparable a estos dos. Evidentemente, como los otros, es un libro muy antiguo, se remonta a miles de años, pero hasta ahora no se había intentado traducirlo al alemán. Se titula I Ching, el libro de las transformaciones, y contiene la antigua sabiduría y magia de China. Se puede utilizar como libro de oráculos para hallar consejos en los momentos difíciles de la vida. Se puede utilizar y apreciarlo «sólo» a causa de su sabiduría. Hay en este libro, que nunca podré comprender más que intuitivamente y en momentos aislados, un sistema de símiles para todo el mundo, basado en ocho cualidades o imágenes; de ellas. las dos primeras son el cielo y la tierra, el padre y la madre, el fuerte y el dócil. Esas ocho cualidades son expresadas por sendos signos de gran sencillez, que se combinan entre sí y ofrecen sesenta y cuatro posibilidades, en las cuales se basa el oráculo. Se pregunta al oráculo y se obtiene más o menos esta respuesta: «Verdad interior: cerdos y peces, ¡Salvación! Es necesario cruzar el gran río. es preciso tener perseverancia». Entonces se puede meditar sobre ello; además, dispone de comentarios.
Este libro de las transformaciones está desde hace medio año en mi dormitorio, y nunca he leído más de una página seguida. Cuando miramos una de las combinaciones de signos, nos sentimos invadidos por Ch'ien, el Creador, y por Sun, el Bondadoso, por lo que no es lectura, ni tampoco meditación, sino una contemplación de agua corriente o nubes pasajeras. Todo cuanto podemos pensar o vivir está escrito ahí.
(1925)
Traducción de Pilar Giralt

Mi credo
Hermann Hesse

martes, 10 de octubre de 2017

Pida la palabra, pero tenga cuidado

Julio Cortázar. Último round.

Cuando el catedrático doctor Lastra tomó la palabra, ésta le zampó un mordisco de los que te dejan la mano hecha moco. Al igual que más de cuatro, el doctor Lastra no sabía que para tomar la palabra hay que estar bien seguro de sujetarla por la piel del pescuezo si, por ejemplo, se trata de la palabra ola, pero que a queja hay que tomarla por las patas, mientras que asa exige pasar delicadamente los dedos por debajo como cuando se blande una tostada antes de untarle la manteca con vivaz ajetreo.
¿Qué diremos de ajetreo? Que se requieren las dos manos, una por arriba y otra por abajo, como quien sostiene a un bebé de pocos días, a fin de evitar las vehementes sacudidas a que ambos son proclives. ¿Y proclive, ya que estamos? Se la agarra por arriba como a un rabanito, pero con todos los dedos porque es pesadísima. ¿Y pesadísima? De abajo, como quien empuña una matraca. ¿Y matraca? Por arriba, como una balanza de feria. Yo creo que ahora usted puede seguir adelante, doctor Lastra.

Último round (1969)
Julio Cortázar

domingo, 8 de octubre de 2017

Poesía y poema

Octavio Paz. El arco y la lira.

La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar el mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en sus seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no-dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la Idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana!

El arco y la lira (1956)
Octavio Paz

sábado, 7 de octubre de 2017

Canto nocturno de un pastor errante de Asia

Yuliya Glavnaya. Luna llena.

Luna ¿qué haces en el cielo, dime,
Silenciosa luna?
Al final de la tarde surges, pasas
Contemplando desiertos y te posas.
¿Harta no estás aún
De recorrer tus sempiternas vías?
¿No rehúyes aún, aún deseas
Divisar estos valles?
Como tu vida es, luna,
La vida del pastor.
Con la primera luz de nuevo surge,
A los campos se va con sus rebaños,
Ve más rebaños, herbazales, fuentes,
De noche a su fatiga da reposo,
Y nada más espera.
Dime, luna: ¿qué vale
Para el pastor su vida?
Y esa tu vida, luna, ¿qué te vale?
¿Adónde, dime, tienden
El breve vagar mío,
Tu carrera inmortal?

Traducción de Jorge Guillén

Canto nocturno de un pastor errante de Asia
Giacomo Leopardi

viernes, 6 de octubre de 2017

Elogio de los aeropuertos

Siluetas de la gente en el aeropuerto. Ilustración de Freepik.

Hay veces que se cansa uno de ser y le gustaría solamente estar. Nada de complicaciones existenciales. Estar, sencillamente. La existencia, que es algo definitivo, es actividad -aunque esto pudiera parecer contradictorio- y toda actividad cansa a los mortales. Genes activos, células activas, átomos activos. Pensar, sufrir, reír, tal vez amar. El estar, en cambio, es algo transitorio y calmo, aunque sin llegar a la pasividad absoluta. Al menos lo percibimos como tal; es como si la vida siguiese su curso olvidándose un poco de nosotros. Decimos «estamos descansando», lo que lleva implícito un «por ahora». Sólo es descanso, esencialmente, el descanso eterno.
En los aeropuertos no se es; se está. Porque estar, por su provisionalidad, es una pausa en la existencia, un calderón, una suspensión en su movimiento más o menos acompasado. Nada es definitivo en los aeropuertos. Son puntos de llegada o puntos de partida. También puntos de referencia. El tránsito, como todo lo relativo, necesita un punto de referencia y ese punto lo son igualmente los aeropuertos. Son la perpetuación del tránsito. Son como la vida, que es una muerte transitoria; que es el espacio que media entre una y otra muerte. Por los aeropuertos pasa la vida y, a veces, se cansa uno de tanto pasar y pasar.
Algo de esto es también aplicable a los puertos y a los andenes de las estaciones de ferrocarril. Y digo algo y no todo, porque las diferencias son notables. En los puertos, que también son puntos de llegada o puntos de partida, no hay tránsito. No se va de un barco a otro. No hay tiempo para estar. La llegada o la partida de un barco es una actividad más y tiene un componente definitivo derivado de la duración de la travesía en relación con nuestras horas de vida y de la conciencia histórica de que en esa vida caben muy pocos viajes transoceánicos en barco. Por otra parte, sólo se puede hablar ya de viaje en los cargueros, en los barcos de guerra, en los de pesca de altura y en alguna aventura excepcional. Los de pasajeros son hoy barcos de cercanía. Además, quienes van a los puertos a recibir o a despedir a alguien también ejercen una actividad, como el que llega o el que parte. En los puertos se es; no se está.
Lo mismo ocurre en los andenes de las estaciones de ferrocarril. Hoy día se puede llegar a la hora justa. Han desaparecido los tránsitos -antiguos transbordos- que justificaban las estancias. A diferencia de los puertos, en los que es lento el amarre y lenta la ceremonia de zarpar, en los andenes todo es urgencia y silbidos y rápidos adioses. -¡Oh, aquellas despedidas con lágrimas y aquellos pañuelos agitándose por las ventanillas mientras se perdía el tren en la lejanía entre nubes de vapor!-. Pero, como en los puertos, también es todo existencia. También en los andenes se es.
En los aeropuertos, no. Cuando uno se cansa de ser, donde se está bien es en los aeropuertos, viendo aterrizar y despegar los aviones que llevan otras vidas, otras existencias; viendo ser a los demás y allá ellos, mientras uno se acomoda confortablemente en la oquedad de los momentos vacíos. Al menos hasta que la voz inmisericorde de los altavoces nos reanima y nos regresa a la realidad anunciando la próxima salida del vuelo SQ 333 con destino a Singapur. Es el nuestro.

(Inédito, 1998) De Por el ancho y pequeño mundo

Estado de palabra. Antología poética (1956-2002)
Rafael Guillén

jueves, 5 de octubre de 2017

Biografía del silencio

Fabiana Kofman. Simetría.

45
El apego es completamente independiente de aquello a lo que se está apegado. Podemos sentir apego hacia nuestra madre, pero también hacia un simple cuaderno (¡y este segundo apego puede ser incluso más visceral que el primero!). El apego tiene que ver con el aparato ideológico que rodea a lo que tenemos y, sobre todo, a nuestra manera de tener o no tener. La meditación es una manera para purgar el apego; de ahí que no sea agradable en primera instancia. Solo atravesada esa vía purgativa es también la meditación una vía iluminativa; pero el camino merece la pena recorrerlo aun cuando no se llegue a una gran iluminación. La simple purgación -y no es simple- compensa.
En el fondo da igual si se avanza mucho o poco, lo importante es avanzar siempre, perseverar, dar un paso cada día. La satisfacción no se obtiene en la meta, sino en el camino mismo. El hombre es un peregrino, un homo viator
En la meditación he aprendido -estoy aprendiendo- que nada es más fuerte que yo sino me apego a ello. Por supuesto que las cosas me tocan, los virus me infectan, las corrientes me arrastran o las tentaciones me tientan; por supuesto que tengo hambre si no como, sed si no bebo, sueño si no duermo; por supuesto que soy sensible a la caricia de una mujer, a la mano extendida de un mendigo, al lamento de un enfermo o al grito de un bebé. Pero una vez tocado o infectado, tentado o arrastrado, una vez enamorado o afligido soy yo quien decide -como señor- cómo vivir esa caricia o esa bofetada, ese grito o ese gemido, cómo reaccionar a esa corriente o responder a ese reclamo. Mientras pueda decir «yo», soy el señor; soy también criatura, desde luego, pero tengo una conciencia que, sin dejar mi condición de criatura, me eleva a un rango superior.

Biografía del silencio (2012)
Pablo dÒrs

miércoles, 4 de octubre de 2017

Tao Te King

Lao Tse. Tao Te King.

XI

Treinta radios convergen en el centro
de una rueda,
pero es su vacío
lo que hace útil al carro.

Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
pero de su vacío
depende el uso de la vasija.

Se abren puertas y ventanas
en los muros de una casa,
y es el vacío
lo que permite habitarla.

En el ser centramos nuestro interés,
pero del no-ser depende la utilidad.

Traducción: Editorial Ricardo Aguilera

Tao Te King
Lao Tse

martes, 3 de octubre de 2017

La cita

Artemisia Gentileschi. Alegoría de la Fama.

Cantando por los caminos y bromeando, mientras cantaba, con aventureros ruines, pasaba la Fama junto al poeta sin hacerle caso.
Sin embargo, el poeta le hacía pequeñas coronas de canciones para que se adornase la frente en la Cortes del Tiempo; pero ella  se ponía las guirnaldas indignas que los turbulentos ciudadanos le arrojaban a su paso, hechas de cosas perecederas.
Y tras un tiempo, cada vez que esas guirnaldas se marchitaban, corría el poeta a ella con sus coronas de canciones; pero la Fama se burlaba de él, y seguía poniéndose las indignas guirnaldas, aunque siempre se marchitaban cuando llegaba la noche.
Y un día el poeta, amargado, le reprochó su actitud, y le dijo: «Hermosa Fama, tanto por caminos como por veredas, no has dejado de reír y de hablar y bromear con gentes despreciables; en cambio, te burlas de mí y pasas por mi lado sin mirarme, a pesar de que me desvivo por ti y sueño contigo».
Y la Fama le volvió la espalda, y se fue; pero al marcharse, le miró por encima del hombro, y sonrió como no lo había hecho nunca; y casi en un susurro, le dijo:
—Ya te visitaré en el cementerio, detrás del Asilo, dentro de cien años.

Traducción de Francisco Torres Oliver

En el país del Tiempo
Lord Dunsany

domingo, 1 de octubre de 2017

Los terrores del año mil

Enrique de Gandía. Génesis y esencia del arte medieval.

Una antigua doctrina, divulgada por el obispo Nepos, que había vivido en tiempos del Papa San Dionisio, decía que el mundo terminaría en el año mil. Las horrendas calamidades del siglo IX  parecían confirmar esta creencia. El clero dominaba sobre la humanidad. Nadie se preocupaba de las cosas terrenas. Todos pensaban en el juicio final, en el fuego de ultratumba, y los caminantes enloquecidos se dirigían al valle de Josafat para encontrarse allí cuando sonase la trompeta suprema. Los que sobrevivían a las epidemias y a las guerras hacían lo humanamente posible por salvarse el alma. Los monasterios hallábanse repletos, viéndose obligados a cerrar sus puertas a los incontables pecadores que pedían una casulla y un rincón para orar. Los caminos de peregrinación hormigueaban de peregrinos que iban a postrarse en Santiago, en Roma, en Toulouse, en Jerusalén. Los milagros se repetían asombrosamente. Hasta los pueblos bárbaros, como los eslavos, los húngaros, los polacos y los rusos, que hasta entonces habían permanecido en su gran mayoría infieles, se convertían en masa al cristianismo, acosados por el hambre y por el terror.

Génesis y esencia del arte medieval (1930)
Enrique de Gandía

sábado, 30 de septiembre de 2017

Testamento literario

Armando Palacio Valdés. Testamento literario.

La soledad conviene al escritor, pero la sociedad le es aún más útil. Si logra hallar la fórmula química que combine estos dos elementos antagónicos podrá llamarse feliz. Decía Goethe que la contemplación engrandece pero paraliza, y que la acción vivifica pero empequeñece. Lo mismo puede aplicarse a la soledad y sociedad. Será el más sabio aquel que sepa armonizar una con otra. En la soledad está nuestra grandeza, pero en la sociedad nuestra eficacia.

Testamento literario (1929)
Armando Palacio Valdés

El paciente inglés

Antonio Matallana. Mapamundi y libros.

Cada dos semanas había una conferencia en la Sociedad Geográfica de Londres. Una persona hacía una presentación y otra expresaba agradecimiento. El orador final solía poner objeciones o someter a prueba la consistencia de la exposición, se mostraba pertinentemente crítico, pero nunca impertinente. Los oradores principales se atenían -según daban todos por descontado- a los hechos y presentaban con modestia hasta las hipótesis más osadas.

Mi viaje por el desierto de Libia, desde Sokunm, en la costa mediterránea, hasta el Obeid, en el Sudán, transcurrió por una de las pocas rutas de la superficie terrestre que presentan diversos problemas geográficos interesantes.

En aquellas salas revestidas de madera de roble nunca se mencionaban los años de preparación, investigación y acopio de fondos. El conferenciante de la semana anterior había citado la pérdida de treinta vidas en el hielo de la Antártida. Se anunciaban con panegíricos mínimos pérdidas similares a consecuencia del calor extremo o de los huracanes. Toda consideración relativa al comportamiento humano y financiero resultaba absolutamente ajena a la cuestión que se examinaba, a saber, la superficie de la Tierra y sus "interesantes problemas geográficos".

Traducción de Carlos Manzano

El paciente inglés (1992)
Michael Ondaatje

viernes, 29 de septiembre de 2017

Los nueve libros de la historia

Los soldados de Jerjes azotando el Helesponto. Imagen de la Wikipedia.

Libro séptimo
Polimnia

34. Desde Abido, pues, hasta ese promontorio comenzaron a tender los puentes los encargados de ellos: los fenicios, el de esparto, y los egipcios, el de papiro. De Abido a la ribera opuesta hay siete estadios. Tendidos ya los puentes, sobrevino una fuerte borrasca que rompió y deshizo todo aquello.

35. Cuando se enteró Jerjes, indignado contra el Helesponto, mandó darle con látigo trescientos azotes y arrojar al mar un par de grillos. Y hasta oí también que envió al mismo tiempo unos verdugos para que marcasen con estigmas al Helesponto. Lo cierto es que ordenó que al azotarlo, lo cargasen de baldones bárbaros e impíos: «Agua amarga, este castigo te impone nuestro señor porque lo ofendiste sin haber recibido de él ofensa alguna. El rey Jerjes te atravesará, quieras o no. Con razón nadie te hace sacrificios, pues eres un río turbio y salado». Mandó, pues, castigar al mar, y cortar la cabeza a los encargados del puente sobre el río Helesponto.

Traducción de María Rosa Lida de Malkiel

Los nueve libros de la historia
Heródoto

jueves, 28 de septiembre de 2017

Tener libros de cabecera

Elsdon. Leyendo en la noche.

Capítulo VI
Tener libros de cabecera

Los libros que conviene tener a la cabecera son aquéllos capaces de aconsejarnos en cualquier circunstancia; los que nos elevan a través del relato de una vida ejemplar; aquéllos que nos narran la existencia de un hombre semejante a nosotros, como Montaigne, y por ello nos reconfortan; los que nos muestran el universo tal como es, y nos hacen participar de otras existencias, en medios y épocas distintos; los que resumen el Todo; aquéllos, en fin, que son como cantos. El libro más hermoso es, quizá, el que no ha sido escrito para ser leído, que no ha sido publicado sino después de la muerte de su autor, que no ha sido oscurecido por ningún deseo de agradar, que tiene la calidad de un testamento. Y es de desear que el libro sea lo suficientemente antiguo como para que no se llegue a ligar por ningún hilo a nuestras circunstancias presentes; y que nos haga sentir que aquello que nos conmueve en este momento es provisional.
Hay libros de cabecera que uno abre casi todos los días. También los hay que no se abren casi nunca, que existen, sin embargo, y que uno sabe que podría consultar. Se parecen a esos seres que nunca visitáis, pero que os hacen bien simplemente porque existen, y de los que sabéis que para verlos os bastará con abrir una puerta. El nombre de un autor o un título sugestivo son a veces suficientes.

Traducción de Celia Pereira y Carlos A. Duval

El trabajo intelectual (1951)
Jean Guitton

martes, 26 de septiembre de 2017

El extranjero

Renato Muccillio. Paisaje.

—Hombre enigmático, di, ¿a quién amas más: a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
—No tengo padre, ni madre, ni hermana, ni hermano.
—¿A tus amigos?
—Os servís de una palabra cuyo significado, hasta ahora, no he llegado a comprender.
—¿A tu patria?
—Ignoro en qué latitud se encuentra.
—¿A la belleza?
—De buena gana la amaría, diosa e inmortal.
—¿Al dinero?
—Lo odio como odiáis a Dios.
—¿Qué amas, pues, extraordinario extranjero?
—Amo a las nubes... a las nubes que por allá desfilan... a las maravillosas nubes.

Traducción de Compañía Ibero-Americana de Publicaciones

Pequeños poemas en prosa (1862)
Charles Baudelaire

lunes, 25 de septiembre de 2017

Peregrinos de la belleza

Angelos Giallina. El Partenón.

Presentación
El mundo mediterráneo 
como destino vital

Los viajes al mediterráneo dejaron de ser patrimonio de eruditos y aventureros cuando, a mediados del siglo XIX, Thomas Cook, empresario y puntal de la liga anti-alcohólica, descubrió por casualidad el viaje organizado. Ahora, los habitantes de mugrientas ciudades inglesas podían subir a un tren por la noche y, emulando a los ejércitos de Jenofonte, despertar por la mañana al enardecido grito de «¡El mar, el mar!», en las costas de la Riviera francesa o italiana. Cada vez era más la gente que podía visitar el Coliseo de noche a la luz de las antorchas, contemplar la languidez de la laguna veneciana en invierno, la belleza imponente del Partenón sobre la Acrópolis o disfrutar de las delicias de la bahía de Nápoles. Y para quienes no se movían de casa, los mejores artistas inmortalizaban en sus pinturas la luz mediterránea y la belleza de la campiña romana, mientras las mejores plumas deleitaban a los lectores con sus descripciones de los pintorescos paisajes y habitantes del sur.
Cada viajero tenía un motivo diferente para dirigirse al sur: la contemplación de las ruinas clásicas, los efectos beneficiosos del sol, la búsqueda de amores prohibidos o de un escondite para una relación ilícita. Y para algunos afortunados, aquel viaje deparaba insospechados y gozosos descubrimientos. Porque el amante del Mediterráneo ve el mar más azul, el cielo más índigo, la silueta de los árboles más definida y elegante en Italia o Grecia. Se pasea arrobado, con la mirada alterada del enamorado y desprovista de las telarañas de la cotidianeidad, como el místico que contempla la belleza del mundo porque ve las cosas como si fuera la primera vez. No solo la mirada se agudiza el el amante-místico, sino también la percepción. Los parajes están cargados de significado, se puede detectar la presencia del espíritu del lugar, de husmearlo, de temerlo, de adorarlo. En sitios como la Villa Jovis en Capri, en ese promontorio salvaje abierto al viento, al cielo y al mar, se puede llegar a perder la noción del tiempo y del espacio mientras se siente entre las ruinas la presencia persistente de otras miradas.

Peregrinos de la belleza. Viajeros por Italia y Grecia (2015)
María Belmonte

sábado, 23 de septiembre de 2017

La deuda de las palabras

Rafael Cadenas. En torno a Basho y otros asuntos.

El filólogo las espía
les averigua su vida
lugar de nacimiento,
fecha, linaje, eclipses,
regresos, qué desean,
cómo vinieron a dar aquí
donde se esconden para no ver
a qué hora sufren o si aún cantan.
Hace tanto se amigó con ellas.
Les reprocha, eso sí que se vuelvan
cortesanas, que se alquilen,
que se deshonren,
pero sobre todo que cuando los dictadores
las usan, ellas no les quemen los labios.

En torno a Basho y oros asuntos (1916)
Rafael Cadenas

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Viaje al Oriente

Hermann Hesse. Viaje al Oriente.

Capítulo primero

Lo que más dificulta mi narración es sin duda la gran diversidad de recuerdos. Ya he dicho que a veces nuestro pequeño grupo marchaba solo, pero que otras formábamos una masa ingente al extremo de constituir en ocasiones un verdadero ejército. También he hecho constar que cubrí algunas jornadas en compañía de escasos camaradas, o solo por completo, sin tienda, sin jefe, sin Orador. Otra dificultad es, y grande, que no sólo cruzábamos espacios, sino también épocas. Marchábamos hacia Oriente, pero al mismo tiempo penetrábamos también en la Edad Media o en la Edad del Oro, cruzábamos Italia o Suiza, pero en ocasiones acampábamos en pleno siglo X, junto con los patriarcas o las hadas. En la época de mi peregrinaje solitario, hallé a menudo personas y países de mi vida pasada. Me paseaba con una antigua novia por las orillas del Rin superior, bebía vino con unos amigos de juventud en Tubingen, en Basilea o en Florencia, o era un escolar que hacía excursiones con los compañeros de clase para cazar mariposas o buscar lagartijas. Entre los compañeros de viaje recuerdo también a los personajes de mis libros favoritos: Almanzor y Parsifal montaban a caballo a mi lado, y también Witiko o Goldmundo, Sancho Panza y los Barkemidas, que me invitaron a marchar con ellos. Cuando tropezaba de nuevo con nuestro grupo, cuando volvía a escuchar las canciones de nuestro Círculo y acampaba ante la tienda de los jefes, entonces veía con diáfana claridad que mi retorno a la infancia o mi paseo con Sancho Panza pertenecían necesariamente a aquel viaje; ya que nuestro objetivo no tan sólo era Oriente, o, mejor dicho, nuestro Oriente no sólo era un país y un concepto geográfico, sino la patria y la juventud del alma, la inmensidad y la nada, el conjunto de todos los tiempos.

Traducción de Víctor Scholz

Viaje al Oriente (1932)
Hermann Hesse

martes, 19 de septiembre de 2017

Aikido

La palabra Aikido en caracteres japoneses kanji. Imagen de la Wikipedia.

Estamos preparados
para sobreponernos.
Es un arte. Se aprende.
Está en nuestra memoria desde niños.
Los juegos, los poemas,
las tardes traduciendo,
palabra por palabra,
las tragedias, el cruento
latín de historiadores.
Todo va al corazón y, transcurridas
las décadas, se vuelve
serenidad. Y ahora
alguno de los textos
de los filósofos occidentales
que he leído estos días
me lleva hasta la fórmula
que con la reverencia
mutua se intercambian
discípulo y maestro  en el aikido.
Uno a otro se dicen:
Gracias por enseñarme.

Eros es más (2007)
Juan Antonio González-Iglesias

Más allá del bien y del mal

Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

Sentencias e interludios
67
El amor a uno solo es una barbarie, pues se practica a costa de todos los demás. También el amor a Dios.

76
En situaciones de paz el hombre belicoso se abalanza sobre sí mismo.

125
Cuando tenemos que cambiar de opinión sobre alguien le hacemos pagar caro la incomodidad que con ello nos produce.

153
Lo que se hace por amor acontece siempre más allá del bien y del mal.

175
En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado.

Traducción de Andrés Sánchez Pascual

Más allá del bien y del mal (1886)
Friedrich Nietzsche

sábado, 16 de septiembre de 2017

La tregua de Nerón

Aegidius Sadeler II. Retrato de Nerón.

No se turbó Nerón al escuchar
el oráculo de Delfos.
«Guárdate del año setenta y tres».
Cuánto tiempo aún para gozar.
Tiene treinta y tres años. Amplio en verdad
es el período concedido por el dios
para inquietarse ante futuros peligros.

Ahora vuelve a Roma algo cansado,
espléndidamente fatigado tras un viaje cuyas jornadas
fueron una continuación de placenteros días
en teatros, jardines y gimnasios...
Noches en ciudades aqueas...
Y sobre todo la delicia de los cuerpos desnudos...

Así Nerón. Y en España, Galba
secretamente dispone y adiestra su ejército,
un anciano de setenta y tres años.
(1918)
Traducción de José María Álvarez

Poesías Completas
Konstantino Kavafis

El jardín de las delicias

Marco Denevi. El jardín de las delicias.

Mote justo

A cierta Herminia la apodaban Democracia porque, según decían los vecinos, en su vientre se juntaba todo el pueblo.

Llanto y luto

La diosa Ceres descendió rauda a la Tierra y entró como una tromba en la casa de su hija Proserpina:
¡Descocada! ¡Ayer enterraste a tu marido y hoy recibes la visita de otro hombre! 
—Hoy. Pero ayer le prohibí la entrada.

Consejo de Medea a una muchacha

Si no quieres que tu amante te abandone, cámbialo por otro.

El jardín de las delicias (1992)
Marco Denevi

viernes, 15 de septiembre de 2017

Ciencia

Charles Bonestell. Marte.

En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy extraño.
Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen arder, son tus pensamientos. Si oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrantes, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último porqué.
En algún lugar de Marte se halla ese cristal.
Para encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables arenales.
Sabemos, también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo, el cristal se disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre los dedos.
Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual.

El eternauta y otros cuentos de ciencia ficción
Héctor Germán Oesterheld

jueves, 14 de septiembre de 2017

El diccionario del diablo

François Miville-Deschenes. Arquera a caballo.

Amazona, s. Miembro de una antigua raza a la que no parecen haberle preocupado mucho los derechos de las mujeres ni la igualdad de los sexos. La poco considerada costumbre de retorcerle el pescuezo a los machos tuvo como desgraciada consecuencia la extinción de la especie.

Edad, s. Período de la vida en que cedemos a los vicios que todavía nos gustan y vilipendiamos aquellos que ya no estamos en condiciones de practicar.

Estima, s. Grado de consideración favorable que se le debe a aquel que tiene la capacidad de servirnos para algo y todavía no se ha negado.

Traducción de Vicente Campos

El diccionario del diablo
Ambrose Bierce

La civilización

Ilustración de Dongfang Tenghong.

En el confín meridional del extremo occidente se encuentra la gran pradera primitiva rodeada de tierras desconocidas. Allí, las fuerzas vitales del universo, el yin y el yang, no entran en contacto y en consecuencia no existe el contraste entre el frío y el calor. Ningún rayo de sol o de luna cae sobre ella y por consiguiente no hay ni día ni noche. Sus habitantes no comen ni llevan ropa, están durmiendo casi siempre y dan un paseo una vez cada cincuenta días. Creen que lo que hacen en sueños es real y que la irrealidad es su vigilia.
El punto central de los cuatro mares es nuestro reino de China. Abarcado por el río Amarillo por el norte y el sur y recorrido al este y al oeste por los montes Tai, tiene muchos miles de kilómetros cuadrados. Su proporción de yin y yang se determinó con todo cuidado y en consecuencia goza de equilibradas estaciones de frío y calor. La división de la luz y de la oscuridad se hizo asimismo con buen criterio y por tanto sus días y sus noches son iguales. Su población es de inteligencia varia. Todo crece y se multiplica. Allí puede encontrarse toda suerte de genio y habilidad. El gobierno lo componen el rey y sus ministros. Les apoyan la ley y la tradición. Su mundo está lleno de múltiples cosas. Duermen y viven la vigilia ordenadamente. Consideran real lo que hacen cuando están despiertos e irreal lo que ven en sueños.
En el confín septentrional del extremo oriente hay una tierra que se tiene por la base de los montes, donde el clima es normalmente nocivo. El sol y la luna apenas se alejan del horizonte y su luz es muy débil. El suelo es estéril para la mayor parte de cultivos. Sus habitantes viven de raíces y legumbres y no saben cocinar. Son violentos y despiadados por naturaleza y el más fuerte explota al más débil. Veneran la fuerza, no la ética social. Casi siempre están de viaje y apenas descansan. Y siempre están despiertos, no duermen jamás.

Tomado del libro Los cuentos fantásticos de China de Moss Roberts

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

La civilización
Lieh Tzu

domingo, 10 de septiembre de 2017

Prosa del observatorio

Julio Cortázar. Prosa del observatorio.

Así la galaxia negra corre en la noche como la otra dorada allá arriba en la noche corre inmóvilmente: para qué buscar más nombres, más ciclos cuando hay estrellas, hay anguilas que nacen en las profundidades atlánticas y empiezan, porque de alguna manera hay que empezar a seguirlas, a crecer, larvas traslúcidas, notando entre dos aguas, anfiteatro hialino de medusas y plancton, bocas que resbalan en una succión interminable, los cuerpos ligados en la ya serpiente multiforme que alguna noche cuya hora nadie puede saber ascenderá leviatán, surgirá kraken inofensivo y pavoroso para iniciar la migración a ras de océano mientras la otra galaxia desnuda su bisutería para el marino de guardia que a través del gollete de una botella de ron o de cerveza entreve su indiferente monotonía y maldice a cada trago un destino de singladuras, un salario de hambre, una mujer que estará haciendo el amor con algún otro en los puertos de la vida.

Prosa del observatorio (1972)
Julio Cortázar

jueves, 7 de septiembre de 2017

Desde mi celda

Bécquer, retratado por su hermano Valeriano Domínguez Bécquer.

IV

Yo tengo fe en el porvenir. Me complazco en asistir mentalmente a esa inmensa e irresistible invasión de las nuevas ideas que van transformando poco a poco la faz de la humanidad, que merced a sus extraordinarias invenciones fomentan el comercio de la inteligencia, estrechan el vínculo de los países fortificando el espíritu de las grandes nacionalidades y borrando, por decirlo así, las preocupaciones y las distancias, hacen caer una tras otra las barreras que separan a los pueblos. No obstante, sea cuestión de poesía, sea que es inherente a la naturaleza frágil del hombre simpatizar con lo que perece y volver los ojos con cierta triste complacencia hasta lo que ya no existe, ello es que en el fondo de mi alma consagro, como una especie de culto, una veneración profunda por todo lo que pertenece al pasado, y las poéticas tradiciones, las derruidas fortalezas, los antiguos usos de nuestra vieja España tienen para mí todo ese indefinible encanto, esa vaguedad misteriosa de la puesta de sol en un día espléndido cuyas horas, llenas de emociones, vuelven a pasar por la memoria vestidas de colores y de luz antes de sepultarse en las tinieblas en las que se han de perder para siempre.

Desde mi celda (1864)
Gustavo Adolfo Bécquer

miércoles, 6 de septiembre de 2017

El artista

Lev Chistovsky. Dulces sueños.

Era menudo, se pegaba a las paredes a andar, andaba como con miedo, saludaba como con miedo. Parecía huido de otro mundo y que en éste no conociera a nadie. La gente movía la cabeza al verlo.
—¡Digo, el artista!
No debía ser como los demás hombres. Porque cuando de alguien se aseguraba que era un labrador o un curtidor o un panadero, no se decía de la misma manera, ni se dejaba entreabierto tal mundo de suposiciones.
—¿Qué hacen los artistas?
—Ese pinta. Pinta mujeres en cueros.
Cerrábamos los ojos apretadamente. Y veíamos más material la visión. El artista había andado mucho mundo, había tirado mucho dinero, había bebido de lo lindo. Y ahora pintaba sin parar a éste, al otro. a aquél.
—Como si al mundo se viniera para pintar. —Y esto nos planteaba ante el hecho de que al mundo no se venía para pintar.
—Entonces ¿para qué?
—Para hacer cosas de provecho.
—¿Qué es el provecho?
—El provecho es el provecho.
Nunca supimos a ciencia cierta de qué se llenaba el provecho. Ni tampoco que fuera de provecho pintar paredes y no gentes. En nuestro fondo una vocecilla defendía al artista. Sin querer le salía una aureola parecida a la de los santos. Y nos daba lástima que no hiciera cosas de provecho. Con lo fácil que era.

Las cosas del campo (1951)
José Antonio Muñoz Rojas

martes, 5 de septiembre de 2017

Diálogo mudo de los cartujos

Vicente Carducho. Pinturas para la cartuja de El Paular, Madrid, España.

En el patio de la Cartuja pasean los Cartujos vestidos de blanco. Van y vienen entre las zarzas y las malvalocas. Son cinco y son uno.

El fraile más viejo está mirando una rosa recién abierta. Los demás se acercan delicadamente.

CARTUJO                                                          ?
CARTUJO                                                          !
CARTUJO                                                         ( )
CARTUJO                                                         ....
CARTUJO                                                           .

El hermano despensero cruza la galería con el manojo de llaves envuelto en algodón.

En la vidriera de la tarde vuelan los pájaros místicos. La rosa sentenciada tiembla en las manos del más viejo.

La sombra de las alas del ángelus cubre la superficie católica. Los frailes se calan sus capuchas y emprenden el camino de la iglesia.

CARTUJO (Andando lentamente)                .
CARTUJO (Detrás)                                           .
CARTUJO (Detrás)                                           .
CARTUJO (Detrás)                                           .
CARTUJO (Detrás)                                           .
              (Entran)

En una esquina del gran refectorio prismático de rumores y ecos difíciles, un chorro de hormigas sube por la pared a los sazonados membrillos del techo.
9 de julio 1925

Diálogo mudo de los cartujos (1925)
Federico García Lorca

Los alimentos terrestres

Andrei Belichenko. Reconfortante siesta.

Natanael, ¿qué te diré de las camas?
He dormido en los almiares; he dormido en los surcos de los trigales; he dormido en la hierba, al sol; en los trojes de heno, por la noche. Colgaba mi hamaca de las ramas de los árboles; he dormido columpiado por las olas; acostado en el puente de los navíos; o en las estrechas literas de los camarotes, frente al ojo estúpido del tragaluz. Hubo camas en las que me esperaban cortesanas, otras en las que yo esperaba a mozalbetes. Las había cubiertas con telas y tan blandas que parecían armonizarse para el amor, lo mismo que mi cuerpo. He dormido en los campos, sobre tablas, en las que el suelo era como una perdición. He dormido en vagones en marcha, sin perder un instante la sensación del movimiento.
Natanael, hay en el sueño admirables preparativos; hay admirables despertares; pero no hay sueños admirables, y a mí no me gusta el sueño sino en tanto que lo creo realidad. Pues el sueño más bello no vale
         el momento del despertar.

Traducción de Luis Echávarri

Los alimentos terrestres (1897)
André Gide

miércoles, 30 de agosto de 2017

Andar, una filosofía

Frédéric  Gros. Andar, una filosofía.

Eternidades

La primera eternidad con la que nos topamos es la de las piedras, la del movimiento de las llanuras, las líneas de horizonte; todo ello resiste. Y el hecho de enfrentarnos a esa solidez que se yergue sobre nosotros hace que los actos nimios, las míseras noticias, parezcan motas de polvo barridas por el viento. Es una eternidad inmóvil y vibrante. Caminar es experimentar esas realidades que insisten, sin hacer ruido, humildemente —el árbol que crece entre las rocas, el pájaro que acecha, el arroyo que sigue su curso— y sin esperar nada. Caminar acalla de pronto los rumores y los lamentos, pone fin al interminable parloteo interior mediante el cual juzgamos sin cesar a los demás, nos evaluamos a nosotros mismos, recomponemos e interpretamos. Caminar acalla el soliloquio infinito en el que emergen los agrios rencores, las estúpidas satisfacciones y las venganzas fáciles. Estoy frente a esa montaña, camino entre los grandes árboles y pienso: están ahí. Están ahí, no me han esperado, están ahí desde siempre. Se me han adelantado indefinidamente, y seguirán estando ahí mucho tiempo después que yo.

Traducción de Isabel González-Gallarza

Andar, una filosofía (2014)
Frédéric Gros

martes, 29 de agosto de 2017

Cristal romano

Ungüentario romano. Foto: J. Bagot Arqueología.

Si este ungüentario de cristal romano
que veinte siglos irisaron, donde
la transparencia envejecida apenas
deja ya ver el soplo que le diera
forma de lágrima y que aún se esconde
en su interior como con miedo a verse
en otro tiempo; si este vaso leve
que otro soplo o milagro ha conservado
indemne entre los mármoles partidos
de la arrasada villa, resbalase
de mis manos y en un funesto instante
se estrellase en el suelo dulcemente,
consternación aparte, no sabría
apreciar las distintas magnitudes
de tamaño suceso, ni sabría
ponerle fecha; pero estoy seguro
de que en el tiempo aquel, que permanece
detenido entre togas y columnas,
se oirían los clamores del desastre.
(Roma, 1987)

Los estados trasparentes (1993)
Rafael Guillén

lunes, 28 de agosto de 2017

Las yerbas ignoradas

José Antonio Muñoz Rojas. Las cosas del campo.

¿Hasta cuándo voy a ignorar vuestros nombres? ¡Qué inesperadas, qué resueltas, qué sencillas, las yerbas ignoradas, que huella el pie, que arranca el escardillo, que atropella el arado! Los que llaman nazarenos, la que dicen lechitrezna, los zapaticos del Niño Dios (que son el prodigio de finura con que Dios pisa la tierra), los jaramagos, y las mil plantas que llaman yerbas del campo, para borrarlas de una vez y que nos trae fielmente el viento de la primavera, a pesar de arado y escardillo.
¡Oh nobles yerbecillas! El olor apenas se os advierte: sí la lozanía, sí el doblarse tremendo de vuestros tallos ante la reja fría, sí la dulzura con que reposáis sobre el surco abierto, sí vuestro triunfo sobre lindazos y veras donde no llega hierro alguno, y que convertís en caminos celestiales. ¡Oh jaramagos, lenguazas, zapaticos, nazarenos, ignoradas yerbas del campo!

Las cosas del campo (1951)
José Antonio Muñoz Rojas

domingo, 27 de agosto de 2017

El libro bueno

Gregorio Marañón. El libro y el librero.

El libro bueno es el amigo ejemplar que todo lo da y que nada pide. El maestro generoso que no regatea su saber ni se cansa de repetir lo que sabe. El fiel transmisor de la prudencia y de la sabiduría antiguas. El consuelo de las horas tristes. El que hace olvidar al preso su cárcel y al desterrado su nostalgia. El sedante de los grandes afanes, que va dondequiera que vayamos, con nuestro dolor. El mentor de las graves decisiones. El que ablanda nuestro corazón en los momentos de dureza, o nos vigoriza cuando comenzamos a flaquear. Y después de ser todo esto, tiene la soberana grandeza de no hipotecar nuestra gratitud. Una vez leído lo volvemos sencillamente al estante, o lo dejamos olvidado en el asiento de un tren. Es igual. Ni nos pedirá cuentas de lo que nos ha dado ni nos guardará rencor si no se lo hemos agradecido.

El libro y el librero (1953)
Gregorio Marañón

viernes, 25 de agosto de 2017

De las ventajas de armarse para la guerra

Rodolfo Modern. El libro del señor de Wu.

Poco después de la muerte de F'ang la guerra civil asoló el país durante muchos años. De las ruinas emergieron dos reinos, el de Fu y el de Chu, que protegieron la libertad y la igualdad, respectivamente, y de esta suerte llegaron a niveles semejantes de prosperidad y poder. Primeramente extendieron su fuerza sobre los territorios limítrofes, más débiles, e impusieron su hegemonía. Luego de haber anulado de esta manera a sus vecinos más pequeños, el enfrentamiento entre Fu y Chu pareció inevitable, a pesar del clamor de paz que surgía de todos sus habitantes, pues los gobernantes de ambos países no admitían una partición equitativa de la zona del oriente entre ellos, y lo que era más importante, se desconfiaban mutuamente. La opinión pública, adversa casi unánimemente a la guerra, admitía sin embargo su inevitabilidad. No obstante, el conflicto fue obviado, por cuanto el temor a las mortíferas catrafactas o caballería acorazada del adversario hizo que cada parte se abstuviera de utilizar las propias. Desde entonces ambas potencias están empeñadas en la construcción de más y mejores catrafactas y un verdadero diluvio de catrafactas sin uso amenaza inundar el antiguo imperio de F'ang.

El libro del señor de Wu (1980)
Rodolfo Modern

miércoles, 23 de agosto de 2017

Del oficio más antiguo del mundo

Henryk Siemiradzki. Friné, 1889. (Detalle).

Otra hetaira, Friné, fue acusada un día de no recuerdo qué delito. Su abogado no encontró mejor medio para defenderla que desnudarla ante el tribunal y preguntar:
«¿Creéis que una mujer tan bella puede cometer delito alguno?».
Los jueces se dejaron convencer y absolvieron a Friné.
Esta cortesana se enriqueció tanto que levantó una estatua de oro macizo a Júpiter con la inscripción: «Gracias a la intemperancia de los griegos».

A su costa hizo reconstruir las murallas de Tebas con la inscripción: «Friné ha rehecho lo que Alejandro había deshecho».
En una oportunidad el célebre escultor Praxíteles le ofreció sus obras para que escogiera la que mejor le pareciese. Dudando de su gusto y confiando en el del escultor, una noche, en una cena, Friné hizo que uno de sus sirvientes gritase despavorido que el taller de  Praxíteles estaba ardiendo. «¡Ay, mi Cupido!», dijo el escultor, y así supo Friné cuál era la mejor obra y la escogió.

Erotismo en la historia (1999)
Carlos Fisas

domingo, 20 de agosto de 2017

Dichos

Rafael Cadenas retratado por Roberto Mata.

"Relación consigo mismo". Frase curiosa. Piénsese en la dualidad. No somos uno, no somos enteros, somos como dos. Y después clamamos porque nuestra vida es un conflicto.

El misterio tiembla en todas partes, también en nosotros, pero no nos percatamos.

Tengo un amigo que no habla, no contesta preguntas, no se deja ver.

Realidad, lo que tomamos por ti, nosotros lo pusimos.

Nada es más extraño que la existencia.

Desde que vi mi pobreza dejé de sentirme pobre.

Hablamos de la naturaleza como si estuviera fuera de nosotros.

Lo único que no termina nunca es el presente.

—¿Hay un llegar a algún punto?
—Sí, donde se está.
—Gracias.
—No hay de qué.

Dichos
Rafael Cadenas